La Toma de Granada

Avisado el campamento cristiano de Santa Fe de que la Alhambra ya había sido ocupada, los resyes partieron con sus tropas apercibidas, bajo sus banderas. Caballeros, pajes y escuderos iban aderezados con sus mejores galas. La comitiva, que había salido hacia mediodía, tardó tres horas en llegar a orillas del río Genil. La entrevista de ambos monarcas, el cristiano y el musulmán, había sido concertada (incluido su ritual) para las tres de la tarde. Se había convenido asimismo que los cristianos no atravesasen la ciudad, para evitar disturbios. […] En la explanada, conocida por el nombre de Abahul -que era cerro de mazmorras- el rey Boabdil, que había salido al parecer por la torre de los Siete Suelos, los recibió. Iba a pie y le acompañaban unos cincuenta caballeros musulmanes. Había dejado en la fortaleza a su visir Yusuf Aben Comixa. El cardenal [don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo] se apeó de su caballo y le recibió con todas las muestras de respeto. Hablaron en privado y Boabdil dijo en alta voz: «Id, señor y ocupad los alcázares por los Reyes poderosos, a quien Dios los quiere dar por su mucho merecimiento y por los pecados de los moros». El cardenal, compadecido, le consoló y le ofreció su propia tienda de Santa Fe. Se despidieron y Boabdil descendió por el mismo carril en busca de su destino. […]

El cardenal entró de inmediato en la Alhambra, abiertas todas sus puertas. El visir Comixa le entregó las llaves de la fortaleza y palacios y él tomó posesión de los mismos. A este efecto ocupó de seguida Torres Bermejas «y una toerre que estaba en la puerta de la calle de Gomeres». Y mandó enarbolar la cruz de plata y el estandarte real sobre la torre de la campana o de la Vela, que era la señal convenida con los Reyes que aguardaban impacientes en el llano. […]

Don Fernando se había detenido sobre la ribera del Genil, en el lugar que ahora ocupa la ermita de San Sebastián. Allí tuvo lugar el encuentro de ambos monarcas. Boabdil llegó acompañado de algunos caballeros y criados, «con las llaves en las manos, encima de un caballo, y quísose apear a besar la mano al Rey, y el Rey no le consintió descabalgar del caballo, ni le quiso dar la mano, e el Rey moro le besó en el brazo y le dio las llaves, e dixo: “Toma, Señor, las llaves de tu ciudad, que yo y los que estamos dentro, somos tuyos”».

Ricardo Villa-Real, Historia de Granada, Miguel Sánchez, ed., Granada (1986). La cita del final del texto pertenece a la Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, del «bachiller Andrés Bernáldez, Cura de los Palacios».

El cuadro es el famoso La rendición de Granada, presentado en 1882, obra del zaragozano Francisco Pradilla y Ortiz.

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