Recuerdo de Doña Mariana Pineda

Por Vicente Moreno y Bernedo *

Esta composición se recitará en la noche de hoy, en el teatro de esta capital

I.

Al pie de una torre de cárcel sombría
Que a todo el recinto terror inspiraba,
Do solo el lamento del crimen se oía,
Y luz moribunda el alba anunciaba:
Apuesto mancebo veloz recorriera
Las cuerdas sonoras de dulce laúd,
Y en trova llorosa así repitiera
Con acento tierno, con cierta inquietud.
«Quien creyera ¡ay triste! que aliento tan puro
„Respire tranquilo sangriento tirano,
„En tanto que gimen en estrecho muro
„Hijos de Padilla, honor castellano.
„Granada fragante cual naciente rosa,
„Nido de bellezas que saben amar,
„Del trono de España alhaja preciosa
„Que todo el que pisa no quiere olvidar:
„Trocado el gracejo en lloro contino
„En vez de risueño y ameno decir,
„Pendiente su cuello de fatal Destino
„Ni aun puede quejarse, ni aun puede reír.
„¿Qué fue de tus hijos infeliz España?…
„¿Qué de tus leones, qué de tus victorias?…
„Ora solo veo, la fiera guadaña
„Que borra afanosa tus antiguas glorias,
„Y toda cubierta de negro capuz
„Sañuda se asienta en la regia silla,
„Y en su diestra mano se nota al trasluz
„El brillo siniestro de torpe cuchilla.
„Sedienta de sangre, con maldita lengua,
„Decreta exterminio al noble patricio;
„Y déspota horda del Ibero mengua,
„Le lleva gozoso a horrible suplicio.
„Que corta es la dicha ¡Oh tu instable mundo!
„En un otro tiempo mi patria querida
„De imágenes gratas en sueño profundo
„En gloria embriagada pasaba la vida;
„Mas cual loco amante desapercibido
„Olvidó que el astuto tigre acechaba
„Y el código santo, dos veces nacido,
„A despedazarle huestes aprestaba.
„De libre en esclavo al pueblo convierte:
„Víctimas, verdugos, desiertas ciudades,
„Seboso dogal de afrentosa muerte,
„Y miseria y luto lega a las edades…»
Tocaba el oriente medrosa la aurora;
El triste mancebo el canto dejó,
Exhala un suspiro con voz plañidora
Y de aquellos sitios ligero partió.

II

Desierta Granada estaba
En aquel infausto día,
Solo a lo lejos se vía,
Verdugo que ejecutaba
Y víctima que sufría.
Al lado de un triunfo hermoso,
En un campo dilatado,
Un patíbulo enlutado
Ostentaba silencioso
Un rostro desfigurado.
Era una joven mujer,
Flor lozana marchitada,
En la argolla reclinada,
Que morir prefiere, a ser
Por déspotas gobernada.
Sus jueces la sentenciaron:
¡Oh monstruos!… injustamente
Y aquella sangre inocente
Con que la toga mancharon
No se horra de su frente.
Una lúgubre campana
Lentamente al viento hería,
Y su clamor advertía,
Que por su patria Mariana,
Como los héroes moría.
Súbito d’entre las nubes
Al través, se descubrió
Un ángel que repitió:
«Dichosa, tú, que ya subes
„Al cielo que Dios crió.
„En sus páginas de oro
„La patria te escribirá
„Y tu nombre de hoy será
„Para la historia un tesoro
„Que avara conservará.»

_____________

* Cosa aparecida en el número 6 de la revista La Alhambra, aparecido en Granada, el domingo 26 de mayo de 1839, octavo aniversario de la muerte de la heroina.

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